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El balcón en invierno

Tengo que confesar que no leía a Landero desde su conocido “Juegos de la edad tardía”… ¡y han pasado unos cuantos años!. Recientemente descubrí su ausencia en mi biblioteca, y empecé a plantearme el buscarlo en las estanterías de mi antigua casa.

Pero no fue necesario, porque me di de bruces, tras el escaparate de una librería, con “El balcón en invierno”. Entré en el local, leí la reseña de la contraportada y me lo llevé. Los flechazos son así.

El conato inicial de novela se transforma en una secuencia de escenas autobiográficas que arrastran al lector de vivencia en vivencia, por un camino que arranca en 2013 y recorre desordenadamente sus recuerdos, la infancia en una familia de labradores en Extremadura, la adolescencia en el madrileño barrio de la Prosperidad…

Landero se desborda en sus descripciones, como un niño que cuenta imparable su  relato por el temor a dejarse algo en el olvido. Una descriptiva limpia, precisa y profundamente cercana, que se intercala con reflexiones, irónicas unas, tiernas otras, pero siempre teñidas con una suave melancolía por el tiempo pasado.

Personajes familiares que dejaron una huella indeleble y después se fueron: su padre, su abuela Francisca, su vitalista primo Paco.

Y confesiones personales que desde las primeras páginas lo hacen irremediablemente próximo:

Por lo demás, yo siempre he sido, y esto no parece que tenga remedio, un tipo inseguro, que descree de sus cualidades y tiende a pensar que sus éxitos (un notable en la escuela, una muchacha que lo quiere, un premio literario) son solo un equívoco, y que ya aparecerá alguien que lo desenmascare y lo muestre ante el público como lo que es: un impostor. Señores, he aquí al fullero, al ventajista, no se dejen engañar, vean el as que escondía en la manga, y vean que lo que parecía talento es solo habilidad y algo de astucia.

Leer el capítulo 8 “Breve viaje sentimental por mi biblioteca 2013” ha sido un verdadero disfrute. Prometía ya desde la primera frase:

Ayer fue un día que se quedó casi sin vivir.

Un libro francamente recomendable.

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