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Relatos salvajesNominada para el premio Oscar a la Mejor Película de habla no inglesa, en el cartel promocional de la película de Damián Szifrón se pueden leer las frases “escandalosamente divertida”, “magnífica, espléndida”, “descarada, destroyer, salvajemente divertida”, y “este año se acabó poner la otra mejilla”.

La sinopsis de Filmaffinity explica: “La película consta de seis episodios que alternan la intriga, la comedia y la violencia. Sus personajes se verán empujados hacia el abismo y hacia el innegable placer de perder el control, cruzando la delgada línea que separa la civilización de la barbarie.”

El film ha sido catalogado como comedia negra/drama, y las carcajadas que escuché durante la proyección fueron las de un grupo de preadolescentes que no alcanzaban los catorce años, acompañados al menos por un adulto, y que ocupaban la fila que estaba detrás de la mía. El detalle: es una película no recomendada para menores de 16 años.

Mis expectativas estaban condicionadas por otra reseña, en la que había leído “La desigualdad, la injusticia y la exigencia del mundo en que vivimos, provocan que muchas personas se estresen o se depriman. Algunas explotan. Esta es una película sobre ellos.” . Esperaba presenciar una película de corte psicológico, sobre personas forzadas a vivir sus límites dentro de la vida cotidiana.

Pero mis expectativas no se cumplieron. Los principales protagonistas de la cinta muestran rasgos de personalidad en los límites de la salud mental, por lo que sus reacciones ante situaciones de presión psicológica derivan hacia actos de violencia gratuita y barbarie explicita. Tan solo en el episodio dedicado al atropello se dibujan con certero y afilado acierto los límites de corrupción a los que puede llegar el género humano.

No es el tipo de cine que me gusta ver, pero ¡para gustos están los colores!.

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