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Silvia Perez CruzAyer noche, en el teatro Coliseo de Eibar, tuvo lugar el concierto Entre cuerdas, en el que la cantante Silvia Pérez Cruz, acompañada por un impecable quinteto de cuerda (dos violines, una viola, un contrabajo y un violonchelo) ofreció un espectáculo de dos horas de duración.

Nunca una grabación ha podido sustituir la expresividad y la cercanía de un concierto, pero en este caso la distancia a la que se sitúan la audición de cualquiera de sus discos y su presencia en directo es enorme.

Silvia Pérez Cruz es una inigualable clase de “animal escénico” que consigue que el espectador olvide dónde se encuentra, abandonando la consciencia de estar sentado en una butaca para seguir su voz, desde los matices más sutiles hasta el más violento de los desgarros, para volver de nuevo a deslizarse suavemente sobre la melodía… y de pronto perderse en un sonido inesperado pero perfecto.

Ayer, rodeada por el quinteto de cuerda, la cantante se dejaba llevar sonriente por el sonido de la música que le envolvía. Y tras unos instantes de silencio, entraba su voz en el diálogo. Y tras la voz… sus manos marcando el tempo, arrastrando el sonido de las cuerdas, punteándolas o deteniéndolas en seco. Y tras las manos… el cuerpo entero, ondulando, golpeando, siempre en movimiento. El aleteo de su vestido solo se detenía cuando se sentaba, y era entonces cuando estrujaba con fuerza la falda, con el gesto de una mujer que se prepara para parir una canción.

Con sabor andaluz, gallego, brasileño, cubano y catalán, las canciones atravesaron el escenario. Y tras cada oleada de aplausos surgían los comentarios espontáneos de la cantante, en su charla distendida con el público.

Anoche no solo se interpretó música sobre el escenario del Coliseo, asistimos al momento mágico en el que una artesana exquisita de la música experimenta y crea nuevas melodías que no se volverán a repetir.

2014-11-08 21.04.51

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