mezquita azul

Sultan Ahmet Camii – Istambul

Una visita de dos días a Estambul es como salir del cine en la mitad de una buena película. Todavía no había visitado esta ciudad y ya sabía que tendría que regresar…

Por eso mis recuerdos son una secuencia de flashes:

La llegada y la partida en la oscuridad de la noche.

en el atardecerEl caos en las calles atiborradas de turistas; las llamadas de los vendedores desde cada tienda, desde cada puesto, sin importar el idioma, con tal de capturar una mirada y no dejarla escapar.

Los olores a pies sudorosos en las mezquitas, a dulces y especias en el bazar, a pescado asado junto al puente Gálata… y el aroma denso e intenso del café turco.

café turcoEl Bósforo, profundo, inquieto, con un volumen tal que parece a punto de desbordar el nivel de sus orillas.

el Bósforo desde Topkapi

el Bósforo desde Topkapi

Los derviches girando como palomas blancas que nunca terminan de alzar el vuelo.

El frescor y la magia de la Cisterna Basílica, con el lamento de un chelo llenando la oscuridad…

cisterna basílica

Cisterna Basílica- Estambul

Y sobre todo un sonido ancestral que, con un estremecimiento, me erizaba la piel  estando en el mercado, en la calle o sobre las aguas del estrecho, obligándome a girar el rostro instintivamente hacia su origen, para escuchar en silencio la llamada de los muecines desgarrando el aire.

Intentaré que no pase demasiado tiempo, Estambul me espera.

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