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AlcinaAyer unos amigos me invitaron a un concierto de música clásica. Acepté encantada y acudí desconociendo lo que iba a escuchar. Tan sólo sabía que el “reclamo” para el melómano que me invitaba era la soprano Joyce Di Donato, y al recoger el programa de mano me encontré con una ópera de Haendel: Alcina.

Tengo que reconocer que el concierto fue excelente. Podría haber resultado árido, por su larga duración (con dos cortos entreactos la ópera dura cuatro horas), porque la obra no estaba escenificada, y porque el argumento era un tanto farragoso; pero la calidad de sus cantantes y del conjunto instrumental The English Concert, bajo la bauta de Harry Bicket, lograron una estupenda interpretación de la obra barroca.

También diré, pero bajito para no desairar a los entusiastas melómanos que ayer aplaudían a rabiar a Joyce Di Donato, que me gustó sobremanera la mezzosoprano que interpretó el papel de Ruggiero, la inglesa Alice Coote. Sólo por escuchar cómo  interpretó un aria del segundo acto mereció la pena acudir al concierto. No se trata de la más famosa, Verdi prati, sino la que dice:

¿Quién puede decirme si soy engañado o si escucho la verdad? Estoy ofuscado por aquella a quien amo. Por tanto, ¿cómo puedo estar seguro? Debo cuidarme de que el amor no me engañe… Pero si ella probara ser la mujer que adoro y la abandono, yo sería cruel, ingrato y traidor.

Curiosamente hoy, buscando una película en las carteleras de las dos principales salas de cine de la ciudad, he descubierto, para mi sorpresa, que ambas ofrecen retransmisiones de ópera en directo.

¿Irá a ponerse de moda la ópera en estos comienzos del s XXl?. Nunca se sabe.

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