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molino

Evora

Tras veinte días de vacaciones y algo más de veinte horas de tren, tras ratos de espera curioseando en los puestos de libros de las estaciones, y gracias a esos momentos en los que he podido descansar y leer tranquila, se apilan cuatro libros en la bandeja de “leídos”. Todos ellos son de lectura cómoda, más rápida para unos, mas entrecortada para otros. Al fin y al cabo todos amigos… libros.

el día que me atreví a ser feliz“El día que me atreví a ser feliz” de Caroline Vermalle

El día en que Jaqueline Le Gall cumple setenta y tres años decide marcharse a la isla de Yeu, en la bretaña francesa, para reencontrarse consigo misma. Deja atrás un matrimonio que ha durado cincuenta años, y una vida que le hacía profundamente infeliz. En la pequeña isla se refugia en la casa de Nane, su prima, una mujer de espíritu libre con la que llevaba muchos años sin hablar.

Con la guía de una insólita narradora se disfruta del argumento de esta tierna historia, en la que los secretos que salen a la luz y las oportunidades que ofrece el destino serán las claves para el futuro de su protagonista.

“El último deseo” de Andrzej Sapkowskiel último deseo

El autor de esta novela ha sido calificado como el gran renovador de la literatura fantástica. Aunque el género fantástico me parece idóneo como lectura veraniega, este volumen llegó a mis manos por una confusión.

Una tarde a finales de Junio, en una conversación sobre libros y seres fantásticos, escuché el nombre del escritor polaco Andrzej Sapkoswski. Pero, por error, entendí el apellido de otro escritor que nada tiene que ver con él, aunque de “fantástico” tiene una buena ración: Alejandro Jodorowsky. Y acepté con entusiasmo una propuesta de préstamo…

Días más tarde, mi amigo me ofreció el primer volumen de los siete que constituyen la saga del brujo Geralt de Rivia, y la escena terminó, horas después cuando descubrí el equívoco, con una larga carcajada.

De lectura rápida y amena, las aventuras de este brujo de melena blanca me han llenado las largas horas del tren, y aunque su historia me ha gustado, no creo que continúe leyendo sus andanzas, hay muchas otras historias por descubrir…

Melisande

“¡Melisande! ¿Qué son los sueños?” de Hillel Halkin

Me encontré con esta novela en la feria del libro del pasado mes, y con un título así fue imposible resistirme, la compré. En la tira de papel que rodea la cubierta del ibro (he descubierto que esa tira se llama faja), estaba impresa una frase contundente: “Una de las novelas de amor más extraordinarias de los últimos años”.

Lo cierto es que esta novela, además de ser una historia romántica al uso, con su ternura y su dolor, es una novela para nostálgicos que vivieron su juventud en los años sesenta.

El título procede de un poema :

“- Siempre me había preguntado de dónde venía tu nombre- dije yo.

– Es de un poema de Heine, Geoffroy Rudèl und Melisande von Tripoli. Melisande era una condesa casada con un cruzado. Geoffroy era un trovador francés tan embelesado por las descripciones de su belleza que se marchó de Francia para poder contemplarla. Enfermó a bordo de un barco y llegó a Tripoli moribundo. Melisande oyó que un poeta enfermo murmuraba su nombre y se apresuró para ir a verlo. Se enamoró de él a primera vista y él muríó en sus brazos.”

el gato que venía del cielo

“El gato que venía del cielo” de Takashi Hiraide.

Termino la crónica veraniega  con la novela de un autor japonés.

La historia es sencilla, relata el encuentro de una joven pareja, que huye de la agitación de Tokio, y un gato que entra de improviso en su cocina y en sus vidas.

Lo que convierte este argumento simple en una pequeña joya es la exquisita poética y el lirismo de la narración. Me atrevería a decir que se trata de un haiku de ciento cincuenta y seis páginas… y que será la delicia de los amantes de los gatos.

¡Feliz verano!

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