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El misterio de las catedrales

Quinto libro del reto “12 meses, 12 libros”.

Esta vez mi elección ha seguido al pie de la letra el criterio marcado por Carmina en su reto: seleccionar los libros  “a los que, dicho de paso, les seguimos teniendo unas ganas tremendas pero no encontramos el hueco para leerlos”.

“El misterio de las catedrales” puede que no fuera el libro que llevaba más tiempo esperando la lectura en mi biblioteca, pero si que ha sido uno de los más tentadores.

En la tapa de esta edición de Año Cero puede leerse una frase un tanto sensacionalista:

“Obra maestra de la Alquimia y del Hermetismo. Claves ocultas de la inmortalidad y el futuro del mundo.”

Y la frase continúa en la contraportada:

“En sus páginas estarían encerrados los secretos que permiten alcanzar la iluminación espiriutal y la inmortalidad. Fulcanelli, seudónimo de un maestro alquimista desconocido, va sembrando el texto de claves y pistas deslumbrantes. Quizá la mente despierta, y el corazón de sus lectores, encuentren aquí la vía de acceso a la más secreta, sublime y antigua de las ciencias: la química del alma.”

Me sigue pareciendo efectista, y además contiene palabras de significado complejo, así que he decidido recurrir, como tántas otras veces, a la ayuda del diccionario de la RAE (Real Academia Española) :

alquimia.

(Del ár. hisp. alkímya, este del ár. clás. kīmiyā[‘], y este del gr. χυμεία ‘mezcla de líquidos’).

  1. f. Conjunto de especulaciones y experiencias, generalmente de carácter esotérico, relativas a las transmutaciones de la materia, que influyó en el origen de la ciencia química. Tuvo como fines principales la búsqueda de la piedra filosofal y de la panacea universal.

hermetismo.

(De Hermes Trimegisto, nombre griego del dios egipcio Tot, al que la tradición griega acabó atribuyendo conocimientos esotéricos sobre magia, alquimia y astrología).

  1. m. Cualidad de hermético (impenetrable, cerrado).


Pues bien, el eje de contenidos de esta obra analiza el simbolismo de las catedrales, tanto en su ubicación,como en su diseño, y por supuesto en su imaginería. El cuerpo principal está dedicado a la portada de la Catedral de Notre Dame, Paris, y la explica paso a paso, utilizando los términos y procesos alquímicos.

Mentiría si dijera que la lectura ha sido fácil, más bien ha sido frustrante. La conclusión es clara: este libro forma parte de ese conjunto de obras que para comprenderse  y disfrutarse necesitan un guía, un experto que ponga el énfasis en los aspectos básicos que debe conocer un aprendiz. El estusiasmo no siempre es suficiente, y no puedo evitar pensar en P. Coelho…

Como diría un buen amigo: ¡ver venir!.

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