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Ayer por la noche nos acercamos al cine con una película elegida de antemano, como casi siempre; pero la ilusión se vino al trastre, porque habían cambiado el horario de proyección.

Suele pasar.

Pero como es difícil marcharse del hall de un cine con las “ganas vacías”, decidimos apostar por una historia de amor con varios premios en su medallero: Oscar 2013 al mejor guión original y Globo de Oro 2013 al mejor guión, entre otros.

El comienzo del film fue muy prometedor. En un tiempo “ligeramente” futuro, Theodore (Joaquin Phoenix) es un hombre solitario, que acaba de romper una relación sentimental de muchos años. Trabaja como escritor de cartas por encargo y en ellas vuelca su ternura. Un día, en el trayecto de regreso a casa, se encuentra con la publicidad de un programa informático de Inteligencia Artificial, un OS (sistema operativo) con el que esquivar su soledad. Y aquí empieza la historia ¿real o virtual?.

A medida que la relación con Samantha, que es el nombre del OS y la voz de Scarlett Johansson en la v.o. subtitulada, se integra en la vida del protagonista, la chispa del argumento se va apagando  paulatinamente hasta llegar al final.

Este es un resumen del guión, a partir de aquí el escenario: espectaculares panorámicas nocturnas de las luces de la ciudad; diáfanas imágenes diurnas enmarcadas por rascacielos de cristal y metal; interiores espaciosos, luminosos, sin estridencias… ¿un mundo perfecto?.

Los paseos por la ciudad en compañía de un auricular, entre oleadas de peatones que conversan con su teléfono móvil, son simuladores de romanticismo que ocultan una dolorosa soledad y una defectuosa relación social.

Menos mal que la humanidad, con todas sus imperfecciones, sigue siendo humanidad, y una experiencia virtual nunca podrá alcanzar el valor de apoyar la cabeza en el hombro de un amigo.

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