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La Traviata

La temporada de ópera 2014, en el Baluarte de Pamplona, ha comenzado con “La Traviata” (G. Verdi).

No existe una traducción directa de “traviata” al castellano, pero su significado oscila entre extraviada, perdida y descarriada, referencias directas a la vida de la protagonista, Violeta.

La historia es una adaptación de la novela “La dama de las camelias”, publicada en 1848 por  Alejandro Dumas (hijo), y basada en un hecho real.

La ópera se estrenó en 1853, en el teatro de La Fenice de Venecia, sin mucho éxito. Hoy forma parte de los “clásicos populares”, e incluso los no aficionados a la ópera pueden tararear, con mejor o peor acierto, la melodía del famoso brindis que inicia Alfredo:

Libiamo, libiamo ne’lieti calici

che la belleza infiora.

E la fuggevol, fuggevol ora

s’inebrii a voluttá.

Libiamo ne’dolci fremiti

che suscita l’amore,

poiché quell’occhio al core onnipotente va.

Libiamo amore, amore fra i calici

piú caldi braci avrá.

(Bebamos alegremente de este vaso resplandeciente de belleza, y que la hora efímera se embirague de deleite. Bebamos con el dulce estremecimiento que el amor despierta, puesto que estos bellos ojos -señala a Violeta- nos atraviesan el corazón. Bebamos porque el vino avivará los besos del amor)

En esta ocasión, la puesta en escena rompe la tradicional estampa de la sociedad frívola de Paris en el siglo XIX, para trasladarse a la España de la posguerra, con detalles curiosos, como el guiño a un clásico del cine, la película “Gilda” (Charles Vidor 1946).

El particular decorado de la obra convierte el escenario en una claustrofóbica caja, con reflejos que multiplican las imágenes, o como marco transparente que da paso a la luz del sol y al sentimiento de libertad…

Para mi  ha sido un reencuentro. Después de muchos años, alejada conscientemente de la música del “bel canto”, esta era mi prueba de fuego.

Tal y como sucede en los reencuentros con personas que han sido claves en la historia personal, pero que ya no forman parte de ella, la experiencia ha resultado ser una mezcolanza de sensaciones y recuerdos, transportados por la magia de la música… recuerdos que pertenecen a un pasado que ha perdido su sentido y que ya no volverá.

¡Libiamo!

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