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Prosac

El libro de Víctor Zegarra llegó a mi casa a mediados del pasado Diciembre, en un día soleado. Fuí a recogerlo, con una amiga, a la librería “Me quiero vivir”, y lo dejé en mi mesilla durante todas las vacaciones, camuflado en la montaña de libros pendientes.

Esta semana ha comenzado con un día húmedo y gris, así que decidí rescatarlo y leerlo, con la intención de que sus poemas me iluminasen el día y el corazón.

Y no me equivoqué.

Del  prólogo de Celia Parra Díaz se ha extraído el texto de la contraportada:

“Lean ProSac como un medicamento sin receta. Como quien va a un bar y pide una caña, y de paso, una ración de versos escritos en servilletas. Víctor sabe mucho de esto. De baresy palabras. De sensualidad y malabarismos. Sabe cómo quitarle las medias a la poesía, poco a poco, para que resbalen sobre las piernas dejando la piel de gallina. Sabe cómo tocar el punto exacto para que la espalda sea signo de interrogación y las exclamaciones  den paso a puntos supsensivos. Y sabe, sobre todo, cómo transformar esos puntos suspensivos enredados en las sábanas, o esos silencios que forman el poso del café, en palabras.

Leer ProSac es sudar sensaciones que hacen subir la fiebre.

Y celebrar la incertidumbre de si es mejor el remedio o la enfermedad”

En este coqueto volumen conviven, a partes iguales, los poemas y una obra de teatro titulada “Lecciones de una mujer cometa”, un pequeño cascabel que me encantaría ver cualquier día de estos sobre un escenario.

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