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Ya hemos superado la Nochebuena, y estrenado año. Sólo nos queda la recta final, y termina en el día de Reyes…

Ayer tarde comentaba con una amiga que si en algo se diferencian estas fiestas de otras épocas vacacionales, es en la revolución emocional que llevan asociada. Lo queramos o no son días diferentes, en los que hay que decidir si subirse al tren de las celebraciones, con más o menos ganas, o buscar otra estación. Son pocas las personas que consiguen que estas fechas sean  “normales”, y son cada vez más las que se plantean marcharse por unos días y olvidarse de situaciones obligadas, adornos y comilonas.

De lo que no nos libramos es de la ráfaga inmisericorde de mensajes que llegan al móvil. Son mensajes portadores de buenos deseos, lejos de mí el desmerecerlos, pero convierten la tarea de contestar en una carrera contrarreloj. Como detalle, este año han sido especialmente abundantes los mensajes con vídeo… ¡uf!.

Pues bien, ayer tarde, en un mensaje enviado desde Lanzarote, un amigo me felicitaba el año nuevo. Cerraba su texto con una frase, la frase más bonita de todos estos días, sin despreciar a las demás:

“Te mereces un suspiro al viento”

BN

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