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LagaviotaSegundo libro que llega a mi bibilioteca de éste autor húngaro. Nueva sorpresa, nuevo encanto, nueva “adicción”.

Los libros se pueden leer de muchas maneras. No digo nada nuevo para los lectores compulsivos, como yo. Hay libros que necesitan leerse de un modo concreto para poder saborear su esencia.

Leer a Sándor Márai pide, al igual que en “El último encuentro”, las menos interrupciones posibles, porque el relato transcurre en un tiempo escaso, con intensidad y tensión crecientes que se rompen, en un instante, con un gesto o con una frase.

La cadencia es lenta, con una capacidad descriptiva innegable, en la que se relata, describe y analiza a un tiempo,  dando al relato un textura compacta, salpicada de guiños inteligentes.

Dejo algunos fragmentos:

” A ti la realidad se te antoja una respuesta; en cambio, yo la considero una pregunta… Ésa es la diferencia entre nosotros, dentro de la pareja;  es decir, es la diferencia entre hombre y mujer, entre otras cosas. Permite, acepta que también conteste a mi manera.”

“No es cuestión de minutos sino de algo esencial que no volverá”

“En la vida de cada persona hay un momento cuya profunda relevancia sólo pasa desapercibida a los sordos y los cobardes. Este es uno de esos momentos.”

“- Aino Laine, pocas veces invito a alguien a mi vida -dice el hombre con calma-. Pero, en tal caso, lo hago como mandan los cánones. Y, naturalmente, la persona invitada siempre tiene la libertad de decidir hasta cuando quedarse…”

“Vamos, vete, piensa. ¡Con qué ligereza caminas!. Echa a andar por calles oscuras, por países y voluntades humanas aún más ocuras. Avanza flotando como las gaviotas que sobrevuelan ciudades en llamas e impenetrables paisajes humanos, con giros ágiles y la brújula del instinto en el corazón. Ya ves, a pesar de todo has llegado hasta mí. ¿A dónde te diriges? ¿Qué y a quién buscas?. Algún día me responderás. Porque existen los milagros, ahora ya lo sabes, y un día las personas acabarán encontrándose. Las personas, tú y yo, y tal vez también las masas indiferenciadas que se denominan pueblos y buscan a los demás y su lugar en el mundo, por encima de la ira y la pasión… Eso ocurre tanto hoy como en la época de las migraciones de los pueblos, aunque a veces lo hacen de una forma alarmante y terrible, como en nuestros días, cuando lucen extraños atuendos, uniformes o abrigos de pieles blancas y vestidos de noche negros… Y todo eso lo guía una mano invisible.”

Mientras escribo vibra en el aire la voz de Silvia Perez Cruz *, en un ritmo de fox lento que tanto le gustaba bailar a mi padre, y que completa el momento con sutileza y perfección. La vida tiene su melodía en cada momento.

(*) En la imaginación Silvia Pérez Cruz & Javier Colina Trio

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