La semana previa al puente de Santiago una amiga me telefoneó para preguntarme si tenía algún plan especial para esos días. Cuando le contesté “no” me propuso una escapada… y acepté.

La apuesta era todo un reto: casi sin tiempo para preparar la maleta, la guía Lonely Planet comprada dos días antes y ocupando una plaza por carambola, me iba a Amsterdam.

Sabía pocas cosas acerca de la capital de los Paises Bajos. En torno a mi cabeza orbitaban las palabras cannabis, queso, tulipanes, barrio rojo, canales…

canales y bicis

Recordaba que en el colegio había estudiado, en Geografía, el esfuerzo titánico de este país por robarle terreno al mar, y en Historia su conflicto con la corte española y la guerra de Flandes. En ambos casos los holandeses habían ganado la partida.

Tras un vuelo de dos horas, nuestro avión tomó tierra en el aeropuerto de Amsterdam, Schiphol, situado a quince kilómetros de la ciudad. Como curiosidad: está construido a una altitud de 3 metros por debajo del nivel del mar.

estación centralUn trayecto de veinte minutos en tren fue suficiente para llegar a la Estación Central, punto neurálgico de la ciudad, hervidero de gente, autobuses y tranvías. Su imagen está mediatizada por las obras del metro, llevan años en faena. Tampoco es de extrañar, no es una construcción sencilla: un muro separa la zona de obras del agua, ese agua que espera paciente cualquier descuido que le permita recuperar su terreno.

Después de instalarnos en el ático de un inmenso y antiguo orfanato, remodelado en hotel, fuimos a pasear sin rumbo por las calles. El ritmo lo marcaron el calor (con un elevado porcentaje de humedad), el “aplatanamiento” por el descenso de altitud y el temperamento de la ciudad.

bicis (2)Lo único que marchitó el encanto del primer encuentro fué que me crucé en el camino de una bicicleta. Si pensaba que Florencia era caótica con sus ciclistas, Amsterdam la supera con creces. Bicicletas de todos los colores, aparcadas por todos los rincones, con las cargas y las “alforjas” más insólitas; ciclistas capaces de fumar, cubrirse con un  paraguas y pedalear a un tiempo; cruces inesperados y timbres sonando rabiosos para espantar a los turistas invasores del carril bici. ¡Toda una experiencia!.

Superado el primer susto, e intregrada la norma de caminar siempre por las aceras, el resto de la ciudad nos acogió con talante tranquilo, tolerante y amable.

terrazas junto al canal Para conocer lo fundamental de la ciudad es muy recomendable el free-tour que tiene su punto de encuentro en el árbol que crece delante de la oficina de turismo, enfrente de la Estación Central. Me habían hablado de este sistema para visitar algunas ciudades europeas, y realmente merece la pena. Para más información  http://www.neweuropetours.eu/es/

plaza Dam- palacio realPero continuemos con el paseo. El centro de la ciudad está en la Plaza Dam. Amsterdam debe su nombre a que en en esta plaza se construyó, en el siglo XIII, una presa para contener las aguas del río Amstel. La palabra holandesa para denominar una presa es “dam”. Así que la fusión de ambas, Amstel y dam nos lleva al nombre por el que hoy la conocemos.

plaza Dam-obeliscoPequeños detalles.

El que la ciudad esté cimentada sobre la arena explica las “grapas” metálicas de contención que se ven en los muros  de las casas, y que las mantienen estables.

VOC  Compañia de las Indias OrientalesAunque pese a todo, algunas casas no pueden conseguirlo…

casa negrauniversidad

El escudo de la ciudad se distingue por todas partes: tres cruces verticales. Para unos simbolizan los tres males que han asolado la ciudad en su historia: agua, fuego y peste. Otros lo explican como una manera simple y visual de identificar las mercancías procedentes de Amsterdam, especialmente en los tiempos en que los estibadores de los muelles no sabían leer.

las tres crucesY, ¡cómo no!, los canales. De todos los tamaños, con barcas y casas flotantes atracadas en sus orillas, con aceras o sin ellas… ¡o con un mercado de flores!.

canal del mercado de las floresLas rutas alternativas, como la triste visita “turística” al barrio rojo,  la casa de Ana Frank o los coffee-shops  ya son asunto de elección personal.

CoffeeshopCon una visita indispensable a los museos, nos despedimos de esta ciudad que merece la pena una escapada.

Rijkmuseum

Eye museo del cíneretrato en el Van Gogh

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