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Inch_Allah cartel

Largometraje de la directora quebequense Anaïs Barbeau-Lavalette.

La mayor parte de la acción se desarrolla en un campo de refugiados palestinos junto al Muro de Cisjordania, una barrera de varios centenares de kilómetros, que para unos es “valla de seguridad” y para otros “muro de la vergüenza”.

La protagonista es una médico, Chloé, que  trabaja en un centro de atención de la mujer en el asentamiento palestino, y tiene su piso en el lado israelita.

El conflicto moral está servido.

Acostumbrada a que en el cine americano la tensión aumente minuto a minuto, sólo dos escenas de la historia se reciben como un golpe seco. La injusticia, la rabia contenida y el abandono impregnan el metraje, de principio a fin. En esta película no queda hueco ni para la ternura, ni para el amor.

El ritmo se rompe con flashes de nostalgia, en las imágenes de la Jerusalén del Este y el viaje a la aldea perdida.  Expresividad en los primeros planos y miradas que lo dicen todo a través de la pantalla del ordenador o de un agujero en el muro de hormigón.

Es una película extraña, retrata el dolor, la muerte y la miseria sin estridencias.

Tal vez algún día este conflicto termine, Inch’Allah (si Dios/Alá quiere).

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