Este invierno ha sido largo, ha nevado como antaño y, más allá del tiempo que corresponde, no ha dejado de llover. En las fechas en que estamos casi puede oirse el coro de voces que claman pidiendo sol. Y, sobre todo, rogando que por favor no llueva más.

La lluvia, mansa o furiosa, ha llenado los embalses junto con el deshielo, ha teñido de gris las tardes de los domingos y nos ha enmohecido el humor y la paciencia.

Y, pese a que me arriesgo a equivocarme, antes de despedirse hasta el otoño, nos ha visitado este fin de semana con su último arranque de  pasión . Los pantanos no han podido contenerla y el río se ha desbordado.

Ayer el sol y la gente nos lanzamos a la calle para contemplar el paisaje después de la batalla. El río todavía bajaba furioso, pero dentro de su cauce.

todavía bravo

Plásticos enredados por todas partes…

después de la riadaárboles que resistieron la fuerza del agua …

resisitieron la corriente otros arrancados de cuajo …

arrancado de cuajo y los objetos más dispares por las orillas

entre las ramaspor las orillasMe vino a la memoria una canción:

” …gotas de agua de lluvia

alegre arco iris en la plantación,

gotas de agua de lluvia

son lágrimas tristes en la inundación.

Aguas que mueven molinos

son las mismas aguas que pueden matar,

y siempre vuelven humildes

al fondo, a la tierra,

al fondo, a la tierra.

Tierrra, planeta Agua.”

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