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en el asfaltoTengo un vecino que está haciendo obras en casa.

Me lo contó el portero, en uno de mis fugaces encontronazos matinales con él, camino del garaje. Estaba desesperado y me explicó, con un florido repertorio de gestos, su frustración al ver un cargamento de materiales de construcción en el suelo del portal recién fregado.

Después, y bajando la voz, me confió el resto de la información: mi vecino está insonorizando una de las habitaciones de su casa; quiere conseguir el silencio absoluto, el aislamiento total.

Trato de comprender cuánto puede afectar a una persona el sonido de las pisadas de los vecinos como para decidirse a hacer algo así. Si comparo con otras casas, mi vecindario no es ruidoso…

En mi caso y buscando lo mismo, desconectar, me escapé la pasada semana a una casa rural. Quería  descansar allí donde no se oyen circular coches ni hay contaminación lumínica. Cada vez necesito con más frecuencia escuchar en silencio  la Naturaleza.

Durante todo el fin de semana estuvimos acompañados por la lluvia.

IMG_9330Mientras las nieblas se deshacían en las laderas de los montes, la casa nos acogió cálida y amorosa.

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En las pausas del entrenamiento nos acercábamos a las ventanas con la esperanza de que el cielo se abriera y brillara el sol…

IMG_9208Hasta el último día confié en la previsión de mejora. Cambié la última clase por un paseo, en busca de un tejo. Pero no pude encontrarlo. El chaparrón que me pilló en el corazón del bosque fué impresionante; el agua acumulada sobre las hojas del suelo y la tierra resbaladiza de la pendiente me invitaron a volver.

Estaba contrariada. Pero el ruido de las gotas sobre las copas de los árboles, el olor del aire húmedo y gris, y la serenidad del paisaje me obligaron a formular una promesa que me liberó: “regresaré”.

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