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Los metereólogos avisaban, desde principios de la pasada semana, que ayer haría  buen tiempo, ¡por fin!.

Así que puse en orden mi mochila, cogí la cámara y me fuí con dos amigos al valle del Baztán, en busca de la cascada de Xorronxin.

Para cuando aparcamos el coche en el barrio de Gorostapolo el sol había desaparecido… pero el cielo gris no podía camuflar el verde rabioso del paisaje, la vegetación exuberante ni los olores de la primavera.

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El paseo tranquilo hasta la cascada se convirtió en un juego, pues la magia natural del bosque llenaba de vida cada rincón.

Un árbol retozaba por el suelo…

por el suelo

Otro cantaba a su manera…

cantando una canción

El río salió a nuestro encuentro …

el ríoY ensordecidos por el fragor impresionante del agua, llegamos a la cascada de Xorronxin, con sus lamias de plata, escondida en la profundidad del bosque.

la cascada de XorronxinDespués de pasar un largo rato contemplando hipnotizados el caer del agua,  decidimos regresar, y el más viejo del lugar nos lanzó su despedida: ¡hasta la vista!

el más viejo del lugar

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