En la mesa

Hace un par de noches estuve cenando en casa de unos amigos.

En torno a la mesa de la cocina nos sentamos tres adultos y dos niñas de siete años. Cuatro nacionalidades, cuatro idiomas diferentes y el castellano como vínculo común.

Así es el mundo en el que vivimos, y me gustan los lugares donde la diversidad es la moneda de cambio…

Pero lo mejor estaba por llegar.

Conforme la cena avanzaba el ambiente se distendía y, con la participación de las más jóvenes,  la charla se convirtió en un juego.

Fue entonces cuando ellas empezaron a reir, primero en trinos cortos, después en una explosión incontenible, balanceándose de un lado a otro, en golpes de risa, hasta quedarse sin respiración.

Y me contemplé sorprendida , escuchando sus carcajadas limpias y frescas, reconociendo una maravilla que hacía demasiado tiempo que no escuchaba.

Todo un regalo, el incalculable valor de las cosas sencillas.

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