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Este fin de semana me he escapado de la ciudad.

Hice un conato el sábado anterior, quería desconectarme del ritmo frenético con el que he comenzado el año… pero la nevada lo impidió.

Esta vez la carretera estaba limpia, solo quedaban restos de nieve en las cunetas del puerto, y las previsiones metereológicas eran de buen tiempo.

Buscaba la práctica tranquila del Taichi al pie de las Malloas.

Sorabile

Pero este sábado era diferente.

Me esperaba un mundo desconocido e inquietante para mi: el mundo del clown.

la strada b

Tengo un amigo que es malabarista y payaso.

Él fue el primero en intentar cambiar mi  concepto sobre el clown.

Hasta entonces para mi un payaso simbolizaba un circo ambulante, la tristeza de una vida dura y sin esperanza; fotogramas en blanco y negro de películas como  “La Strada” de Federico Fellini (1954).

Una imagen poco atrayente, la verdad. No es de extrañar que algunos niños, y muchos adultos, no sean amigos de este personaje…

El clown, un navegante de las emociones

Mi primer acercamiento fué, cómo no, a través de un libro: “El Clown, un navegante de las emociones” de Jesús Jara.

Encontré frases como:

” Se dice que la nariz roja de un clown es la máscara más pequeña del mundo.”

“El valor terapéutico del clown está en su inteligencia exitosa para facilitar el camino de las emociones y  navegar por ellas, tomando conciencia de las dificultades que conlleva y afrontándolas desde la ternura, la autenticidad, la risa, el presente, la vulnerabilidad, el juego, la confianza y la libertad.”

“El clown es un apasionado de la vida.”

“Para que nuestro clown crezca sano y fuerte es preciso dejarle dar sus primeros pasos solo y renunciar, por tanto, a todos los trucos que consideramos propios de los payasos y a los muchos prejuicios que tenemos acumulados sobre ellos. El primer paso es despojarse de todo y dejar, sencillamente, que comiecen a fluir en nuestro interior nuevos implusos y sensaciones.”

Casi dos años después de esta lectura he conocido a mi clown.

Ha sido un encuentro agradable, sorprendente, ni mucho menos tan aterrador como esperaba. Las cosas importantes siempre son más sencillas de lo que esperamos.

Bajo la dirección inestimable de Ramón Albistur,

IMG_5445dentro de un grupo trilingüe (castellano, euskera y francés)  en el que el gesto era el idioma común,

IMG_5434el curso ha ido creciendo en significado y contenido, con momentos inolvidables…

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Revolver entre perchas cargadas con las ropas más dispares, buscar en cajas llenas de sombreros, elegir pañuelos, cinturones, zapatos… utilizar cualquier elemento que permita una mayor expresión. Y una nariz roja. Así comienza la aventura del clown.

Y además… Tai-chi.

La práctica bajo la luz del sol ha sido, con el viento en el rostro y los montes nevados, un verdadero regalo, un reencuentro.

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Hoy he llevado durante todo el día a mi clown pegado a la espalda. Me ha mostrado las situaciones en las que ya estaba expresándose, pero yo no me había enterado. Eso si, igual que a un niño, en un par de ocasiones casi le he tenido que tirar de las orejas: el mundo en el que vivo no está preparado para entender ni su filosofía, ni su sentido del humor… ¡por ahora!.

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