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Conozco a una pareja entusiasta de la novela policiaca, y no puedo evitar que, de vez en cuando, me contagien…

Así que me acaban de presentar al inspector gallego Leo Caldas, y a su ayudante Rafael Estévez, un aragonés bastante visceral.

Ambos personajes tienen que investigar la aparición del cadáver de un marinero en la playa de Panxón, en las cercanías de Vigo.

El ritmo de la novela lo marcan el golpear de las olas contra la costa, la lluvia omnipresente y el “clic” del encendedor del policía protagonista.

Los pueblos pesqueros, los rituales de las lonjas del pescado al amanecer, las respuestas imprecisas del carácter gallego y la excelente gastronomía, dan cuerpo al escenario de esta novela policiaca.

Cada capítulo está encabezado por una palabra y sus diferentes acepciones. Para los maniáticos de las palabras, como yo, es imposible lanzarse a leer el capítulo sin primero saborear el racimo de significados.

Un ejemplo:

Repuntar:1. Empezar la marea. 2. Comenzar a estropearse el vino, a tomar gusto a vinagre. 3.Irritarse levemente una persona con otra.

Y, como complemento perfecto, varias referencias a temas musicales. No he podido escribir esta entrada sin haber buscado antes dos piezas que aparecen repetidamente a lo largo del relato:

La canción de Solveig – E. Grieg

Promenade (Walking the dog) – G. Gershwin

Una novela recomendable.

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