un detalle

La magia de las historias se alimenta de los pequeños detalles.

Esta es una de ellas.

Érase una vez un valle tranquilo de las tierras del Norte…

Por allí la gente hablaba poco y observaba tras el cristal de  las ventanas. Es lo que tienen el frío y la lluvia, que obligan a resguardarse, buscando el interior cálido de las casas y de los corazones.

Pero en verano, en los días en los que el viento dispersaba las nubes, el valle relucía, los grises se hacían verdes, y se escuchaba susurrar al bosque.

Era verano cuando ellos se encontraron, bajando, codo con codo, por el sendero de uno de los montes que vigilaban el valle.

Dos seres distintos, dos mundos sin relación alguna, y un escritor en común. Hablaron y hablaron todo el camino, pese a que ninguno de los dos era muy dado a la charla, los dos amaban el silencio.

Y a  través de los ecos ancestrales de aquella tierra, de los golpes de madera contra madera, nació su amistad.

Despedirse fue difícil, siempre cuesta alejarse de aquello que nos hace sentir bien, así que trataron de esquivar la tristeza prometiendo que seguirían en contacto.

Muchas veces se promete ésto, algunas por compromiso, otras porque nos resistimos a perder el puente que se construye entre soledades; y es que tememos que, al alejamos, lo que nos ha hecho felices desaparezca.

Sin embargo los mensajes empezaron a llegar, a cruzarse, a  multiplicarse. Cuando las primeras ausencias se calmaron, ni si quiera ellos saben muy bien cómo, llegaron a un acuerdo no pactado: todos los viernes se escribirían para no perder el contacto. Sin grandes pretensiones, un mensaje escueto, un abrazo, un beso.

Y así pasaron las semanas, los meses, los años, y cada viernes llegó un mensaje, un guiño, un abrazo, una sonrisa.

Por supuesto que volvieron a verse, y se  buscaron en esos momentos especiales en los que la vida y la muerte son más intensos.

Los mensajes siguen cruzándose todavía en la distancia…

El mensaje de hoy ha sido tan hermoso que no podía perderse en el recuerdo sin una historia, sin este cuento.

El mensaje decía:

“saber que estás en algún lugar, cerca o lejos, significa que nunca, nunca, estoy completamente solo”

Muxuak maitia.

un encuentro

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