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 El insólito peregrinaje de Harold Fry

La primera mañana de este año la disfruté a mi manera: un tazón de te con leche y miel, el concierto de Año Nuevo y un buen libro en las manos… éste libro.

Y lo he terminado en la mágica noche de Reyes , ha sido  mi primer regalo.

La sinopsis de la editorial (Salamandra) es:

Una mañana cualquiera, mientras su mujer pasa el aspirador en el piso de arriba, Harold Fry sale de casa para echar una carta al buzón. Recién jubilado, Harold está lejos de imaginar que acaba de iniciar un viaje a pie de un extremo a otro del país. No lleva calzado ni ropa adecuada, ni siquiera un teléfono móvil, y mucho menos un mapa o una brújula. ¿Para qué iba a llevarlos? Tan sólo va al buzón de la esquina para responder a la misiva de Queenie Hennessy, una vieja amiga y compañera de trabajo quien, tras un silencio de casi veinte años, acaba de comunicarle que está ingresada en un hospital del norte a punto de morir de cáncer. Sin embargo, cuando Harold se dispone a enviar la carta, un impulso repentino lo conmina a llevar él mismo el mensaje a su destinataria. Por una vez en su vida, Harold toma una decisión sin pensar, pero su intuición le dice que su amiga Queenie hará algo igualmente impensable y se curará.

Lo importante de este relato no es el final sino el durante, el paso a paso de su protagonista. Harold termina desbordado por la humanidad de las personas con las que se encuentra, mientras descubre la suya propia.

Algo más allá de la mitad de la novela, he encontrado el párrafo que resume el espíritu de este insólito peregrinaje:

“Para llegar a su destino debía permanecer fiel al sentimiento que había inspirado su aventura. Poco importaba que otras personas en su lugar lo hubiesen hecho de un modo distinto, En realidad, era inevitable. Seguiría el trazado de las carreteras porque, salvo en las contadas ocasiones en que lo adelantaba un coche a gran velocidad, se sentía más seguro en ellas. Poco importaba que no llevara un teléfono móvil. O que no hubiese planeado la ruta, ni llevado consigo un mapa de carreteras. Tenía un mapa distinto, el de su mente, compuesto por todas las personas y todos los lugares que iba encontrando a su paso. Tampoco renunciaría a sus náuticos porque, pese a estar desgastados y maltrechos, eran suyos. Había constatado que cuando una persona se encuentra de paso y se distancia de aquello que le es conocido, las cosas extrañas adquieren un significado nuevo. Sabiéndolo, le parecía importante permitise ser fiel a las intuiciones que le hacían ser quien era y lo distinguían de los demás”.

Una lectura muy recomendable.

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