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Esta novela me atrajo por la reseña de Alfaguara:

«Las voces bajas es la novela de la vida. Son las voces de los niños, las mujeres que hablan solas, los emigrantes, los muertos, los animales… Las voces de los que no quieren dominar y se alimentan de palabras y cuentos.»

Es una preciosa narración, de orden impreciso, que hay que leer despacio, lentamente, pues otro ritmo de lectura es impensable.

Repleta de elementos autobiográficos, la semblanza de personajes es insuperable, así como la descripción de la vida en Castro de Elviña y de la Galicia de los años sesenta.

“Francisco podía llevar remiendos en los pantalones de pana. Era un adolescente pobre, si, pero se lo disputaban en todas las casas. En todas había un saludo y un asiento para Francisco. Porque Francisco. fuese pobre o no, era un regalo. Para comenzar, agarraba las truchas con la mano en el río. Y los cuentos también. En el aire. A mano. Volando.Tuvo varios oficios, pero ése, el de contar historias, siempre lo conservó”

Recuerdos de la memoria familiar y colectiva, que el escritor gallego empapa de una desbordante capacidad metafórica.

” Cuando se acercaba un profesor, tapaba aquel secreto con las manos y el cuerpo. El poema se ocultaba somo un erizo. Pero un día él lo descubrió, el poema, el erizo abierto. Su reacción fue leerlo. Sus gafas de alta graduación escudriñando aquel extraño ser, el erizo sorprendido, que era el poema entre números.”

En los capítulos finales relata sus inicios en el mundo del periodismo, un adolescente meritorio en el diario “El Ideal Gallego”.

Y el último capitulo,  “La sonrisa de la chica anarquísta”, desgrana, en un homenaje inolvidable, la relación con su hermana María.

Este libro es una delicatessen para los amantes de la lírica.

http://www.elplacerdelalectura.com/work-view/encuentro-con-manuel-rivas-el-murmullo-literario-de-las-voces-bajas

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