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Atendiendo a la etimología de esta palabra, la PNI es una disciplina científica que estudia las relaciones existentes entre el Sistema Nervioso Central, el sistema Neuroendocrino y el Sistema Inmunológico. Si lo definimos de una manera más global y simple, estamos hablando del estudio de las relaciones entre la mente, la conducta y el sistema inmune, de las relaciones entre las emociones y la salud.

Durante muchos años se consideró que el cerebro y el sistema inmune eran dos sistemas independientes, hasta que en 1970 el psicólogo clínico Robert Ader de la Universidad de Rochester (USA) realizó un descubrimiento sorprendente. Estaba desarrollando un estudio sobre el aprendizaje del “rechazo condicionado” en las ratas, siguiendo los criterios del reflejo de Paulov: administraba  a los animales, secuencialmente, una medicación inmunosupresora, con efectos digestivos desagradables, y una solución con sacarina. Cuando las ratas asociaron los efectos digestivos de la medicación y la solución de sacarina, al ofrecerles únicamente la “inocua” solución de sacarina, la rechazaban. Lo que el psicólogo observó con sorpresa es que los animales del experimento morían, y que los que morían eran los que más solución de sacarina (sin inmunosupresor) habian bebido. Con la colaboración del inmunólogo Nicholas Cohen, Ader demostró  que la solución de sacarina reducía, en ausencia del medicamento inmunosupresor, la inmunidad en los roedores: el sistema nervioso y el sistema inmune estaban interconectados y esto repercutía en el comportamiento orgánico.

Son múltiples los estudios derivados de este experimento, en especial los relacionados con el estrés y sus efectos sobre la salud. Hay datos de que en situaciones estresantes como los exámenes en los estudiantes, los familiares de enfermos con Alzheimer, las separaciones matrimoniales o los procesos de duelo, disminuye significativamente la función inmune, haciendo  a estos individuos más susceptibles a la enfermedad.

Por el contrario también se han realizado análisis sobre el efecto de una actitud positiva o  negativa sobre la salud. Un estudio evaluó el grado de optimistmo o pesimismo de ciento veintidós hombres que habían sufrido un ataque cardiaco por primera vez. Ocho años más tarde ventiuno de los venticinco más pesimistas habian muerto, mientras que sólo habían fallecido seis de los venticinco más optimistas.

El cirujano C. Nezhat afirma: “todos los cirujanos saben que la gente muy asustada no responde adecuadamente a una intervención quirúrgica, ya que tienden a sangrar en exceso, son más propensos a las infecciones y a las complicaciones, y tardan más tiempo en recuperarse. Es mucho mejor, por tanto, que el paciente se encuentre lo más sereno posible”.

El próximo 20 de Diciembre se cumplirá un año de la muerte de Robert Ader, el psicólogo que dejó tras de si una ciencia que apuesta por la esperanza y el optimismo, ¡que falta  nos hacen en los tiempos que corren!.

Robert Ader

Robert Ader

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