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Siempre que traspaso el umbral de una librería me pregunto, en vano, si esa vez seré capaz de salir del local sin llevar un nuevo “amigo” en una bolsa… la última vez compré este libro mientras “hacía tiempo”  para ver una película, en una librería próxima al cine.

Elegí el libro por azar… si es que se puede hablar de azar cuando se cruza por medio una decisión. Me gustó el título y me gustaron los comentarios que leí sobre él, en la contraportada. Los libros de cuentos no figuran entre mis preferencias, pero decidí apostar por éste y me lo llevé.

La lectura ha sido ligera, aunque no lo es su contenido. No se parece a otros libros que he leído del género, cada historia tiene una personalidad tan definida que no importa su brevedad, impacta inevitablemente. Y su fuerza está en la vulnerabilidad de los personajes, de ahí el acierto del título.

Cuando lees relatos tan cercanos a la realidad la propia realidad se convierte en un relato…

Mientras esperaba en la puerta del cine, con la bolsa bamboleando en mi mano, observaba y era observada por un hombre atractivo que estaba sentado en un banco. Por casualidades de la vida nos presentaron, y entonces él explicó que ya desde la librería se había fijado en mi… Para mentes tan “taladradas” por la literatura como  la mía la situación amagó una historia… inexistente, claro… ¡no me extraña que Don Quijote enloqueciera con tantas lecturas!, salvando las distancias, ¡por supuesto!.

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