La ola de calor que estamos viviendo estos días ha vuelto loco a mi frigorífico.

Ayer por fin conseguí contactar con el Servicio Técnico oficial de la marca y el técnico vino  a casa, con una hora de retraso que yo perdí de mi trabajo, pero por la que él ni se disculpó.

Tras sacarlo del hueco donde estaba colocado, se dedicó a observar el electrodoméstico por fuera, toquitear y olfatear en su interior y apuntar el número de serie del aparato.

Después llegó la sentencia…

Las alternativas eran dos: dejarlo en mitad de la cocina para que pudiera estar ventilado y ver si recuperaba la normalidad, o comprar otro. Esta segunda opción, propuesta con la misma naturalidad que la primera, se basaba en el hecho de que la avería en el sistema de gas, intuible pero no comprobable, por lo visto no tiene reparación.

Conclusión: si una solución técnica tan compleja como “ventilar” un frigorífico no funcionaba, tenía que “tirar” un combi de cinco años y medio en su primera avería.

Fue entonces cuando vino a mi mente la “obsolescencia programada”… y juré contra los dioses de la tecnología, los fabricantes de electrodomésticos y el consumismo.

Existe mucha información en la red sobre este concepto; para explicarlo trataré de ser breve y clara.

La obsolescencia programada es la planificación o programación del fin de la vida útil de un producto o servicio de modo que —tras un período de tiempo calculado de antemano por el fabricante o por la empresa de servicios durante la fase de diseño de dicho producto o servicio— éste se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible (Wikipedia).

Su objetivo es el lucro de los fabricantes, que fuerzan a los consumidores a adquirir nuevos productos sin que importen las consecuencias de este consumo.

El coste de la reparación del producto “estropeado” supera sutilmente el precio de un producto nuevo, y así se justifica que sea más rentable comprar un nuevo aparato que repararlo.

Los productos averiados o las piezas repuestas son, en su inmensa mayoría, no biodegradables, y en muchas ocasiones contaminantes activos del medio ambiente.

Curiosamente esta idea germinó a comienzos del pasado siglo, en la década de los treinta. Por entonces eran inseparables los criterios de calidad y duración…

El pasado año se emitió en “la 2” de RTVE el documental  titulado “Comprar, tirar, comprar. La historia secreta de la obsolescencia programada” de Cosima Dannoritzer.

http://www.rtve.es/television/documentales/comprar-tirar-comprar/directo/

Plantado en mitad de la cocina, mi frigorifico ha despertado esta mañana con los indicadores de temperatura de siempre.

Tal vez por esta vez me libre de la obsolescencia programada… tal vez…

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