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Dice el refrán que a  la tercera va la vencida… después de una pelirroja indomable y de un caballero demasiado oscuro, me he encontrado con un policía irlandés irrepetible.

 

La sinopsis que se lee en los espacios dedicados al cine es:

“Gerry Boyle es un excéntrico, grosero y subversivo policía irlandés que debe colaborar con un más que aburrido agente del FBI para detener a un grupo de traficantes de drogas que están amenazando la tranquilidad del condado de Galway.”

Y hasta aquí la valoración “básica”…

Desde el policía protagonista, interpretado impecablemente en todos sus registros por Brendan Gleeson, hasta los papeles de aparición fugaz, como el chaval de la cámara de fotos, cada uno de los integrantes de esta “comedia” está trazado con descarada ironía: narcotraficantes que polemizan sobre filosofía, un ciclista pecoso que es un entendido en armas,  las confidencias sobre la inevitable barra del pub irlandés, o un contacto del IRA fondón y con sombrero tejano…

Un mosaico de personajes que hablan sobre su forma de darle sentido a la vida, cada cual con sus razones, cada cual con su objetivo, pintado con maestría sobre el paisaje gris y lluvioso de Connemara.

Hoy también he aprendido que esta película está catalogada dentro del género “buddy movie”, o lo que es lo mismo y significa literalmente “película de camaradas”: los dos principales protagonistas son dos hombres cuya relaciónes la parte principal de la película. Hay muchas buenas películas que tendrían su hueco en este género, pero me resistiré, mientras pueda, a utlizar anglicismos, es una manía…

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