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Esta melodía portuguesa, de origen incierto, es conocida por su cadencia lenta y dulce, dramática y desgarrada en ocasiones, pero siempre con un indefinible sabor melancólico.

La interpretación corre a cargo de un cantante solista (hombre o mujer) acompañado por una guitarra española y una  guitarra portuguesa. En el sonido de este último instrumento está el alma lusitana.

Esta música traspasó las fronteras portuguesas gracias a la gran dama del fado: Amália Rodrigues.

Después han llegado excelentes intérpretes como Dulce Pontes

o la que es la más reciente revelación. Mariza

Las casas de fado son restaurantes de los barrios antiguos de Lisboa, en los que después de cenar las luces se atenuan y las conversaciones cesan, para escuchar las voces de los fadistas cantando bajo la luz temblorosa de las velas.

Hace unos cuantos años, en una noche de invierno, estuve oyendo cantar fados a Lenita Gentil en un restaurante del Barrio Alto de Lisboa. Mi espíritu se iba emocionando poco a poco, con cada canción, hasta que dedicó una pieza  a un cantante español al que de pura emoción se le “rompió el corazón”. No pude contener las lágrimas.  La canción era “María la portuguesa”, el cantante era Carlos Cano.

Espero regresar a Lisboa, y espero volver a escuchar fados, porque el fado es la nostalgia hecha canción.

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