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Hace bastantes meses que unos amigos me invitaron a compartir su refugio en Burgos. Después de un largo tira y afloja con las agendas, conseguimos fijar una fecha: el primer fin de semana de Junio.

Tras ver con asombro cómo el viento espolvoreaba nubes de polen en las orillas del Embalse de la Cuerda del Pozo, superar una tormenta torrencial en Covaleda y abandonar la mirada sobre laderas y laderas tapizadas de pinos y robles, el viernes llegamos a Canicosa de la Sierra, al atardecer…

Nos esperaba la “Casa Sol”, llamada así en honor de la bisabuela Simona Marcos, antigua propietaria del terreno, a la que por su belleza y simpatía todos los del pueblo llamaban Sol.

A la mañana siguiente, después de un descanso reparador acunado por el canto del mirlo, me escapé a dar un paseo. Fuí caminando,  disfrutando de la primavera en su esplendor,

y de las originales cancelas de la zona,

hasta llegar a la ermita de la Virgen del Carrascal.

Después del desayuno nos pusimos en marcha, camino de los lugares a donde mis amigos querían, impacientes, llevarme.

Cruzamos con el coche el paraje del Comunero de Revenga, dejando a un lado la ermita y el edificio del siglo XVIII que se usa como albergue, y al otro lado la Casa de la Madera (2008).

http://www.patrimonionatural.org/casas.php?id_casa=25

Con sólo recorrer unos metros más dejamos atrás, junto a la carretera, la necrópolis de Revenga, para visitarla a nuestro regreso.

Por una pista, entre pinares densos y olorosos, parando en ocasiones para respetar el tranquilo discurrir de la “fauna local”…

llegamos hasta el paraje de Cuyacabras, donde una pareja de robles nos dió la bienvenida.

Con un corto paseo accedimos a la que se ha descrito como la mayor necrópolis de la Reploblación, rodeada de árboles, cantos de pájaros y una indescriptible sensación de calma.

El 26 de Agosto de 1968 el arqueólogo Alberto del Castillo y su equipo, hicieron una pausa en la excavación que que estaban realizando en Revenga para inspeccionar el frondoso robledal de Cuyacabras, donde encontraron una necrópolis gemela a la que estaban excavando.

Transcribo algunos fragmentos de la Memoria redactada por el arqueólogo en 1972:

” Larga e intensa fue la labor en 1969. En ella delimitamos el recinto de la necrópolis, excavamos la iglesia y 150 sepulturas. En la campaña de 1970, del 1 al 19 de Agosto, se continuó el descubrimiento y excavación del las tumbas, hasta un total de 175, dedicándose especial atención al sector N., fuera del primitivo recinto funerario y en donde se hallan las sepulturas en forma de nicho (…)

En la mitad oriental del primitivo perímetro, se abre una escalinata de cinco peldaños labrados en la roca, tras los cuales el acceso continúa en rampa durante unos metros hasta el segundo y último tramo de la escalinata, compuesto de ocho peldaños que van hasta la misma plataforma superior donde se halla la iglesia semirrupestre.

Cuyacabras es la más grandiosa , monumental y espectacular de las necrópolis de la época de la Repoblación, descubiertas hasta la fecha en toda la Península Ibérica. Resulta obvia la urgencia de declaración de interés histórico, a fin de asegurar su conservación y evitar su destrucción, no obstante haberla dejado vallada…”

En Agosto de 2011 la necrópolis de Cuyacabras fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC), con categoría de Zona Arqueológica, por el Consejo de Gobierno de la Junta de Castilla y León.

Con la decidida intención de regresar en otra ocasión, abandonamos el lugar y nos acercamos al Eremitorio de Cueva Andrés, al que llegamos bajando por un camino entre pinos.

Transcribo nuevamente fragmentos del texto de Alberto del Castillo:

“Estando en Agosto de 1968, haciendo las primeras prospecciones en la necrópolis de Cuyacabras, se nos acercó un pastor comunicándonos que cerca de allí, en medio del bosque, había una peña que tenía un arco labrado. Con cierto escepticismo nos llegamos acompañados del pastor… El lugar es paradisiaco, de una belleza natural extraordinaria.

No creemos pueda ofrecer duda que el conjunto de Cueva Andrés sea un eremitorio. Tenemos la covacha que sirvió de habitación, con las alacenas en la entrada, la pequeña iglesia rústica con su altar ruprestre y la sepultura del eremita sobre la cueva en que murió. Al lado mismo pasa un riachuelo de agua clara. Todos los elementos están presentes. El aislamiento del lugar en medio del bosque completa el ambiente”.

Y después regresamos a Revenga.

Este yacimiento arqueológico tiene muchos elementos comunes con Cuyacabras: las tumbas están repartidas por la meseta rocosa, dispuestas de O a E, agrupadas en torno a la iglesia, pero en este caso con una mayoría casi absoluta de sepulturas adolescentes e infantiles.

Y una peculiaridad única:

“A 2,35 m del lado O, a 4,10 m desde el final del ábside, a 0.53 m del muro N y a 2,40 m del meridional, apareció un reborde circular, que resultó ser el brocal de una concavidad de 0,31 m de profundidad y 0,78 m  de diámetro interno, evidente baptisterio o apodyterium, es decir, para el bautismo de alguna manera por inmersión. ¿Fué un a pila de bautismo para infantes o neófitos? ¿tiene alguna relación con el pretendido bautismo o purificación de los  muertos?. Tal bautismo es sumamente dudoso. En todo caso y en el estado actual de nuestros conocimientos, se hace difícil contestar a esta pregunta.”

Lo más curioso es que en la misma explanada se han descubierto insculturas (grabados en la piedra), cazoletas que pueden haber sido utilizadas para algún tipo de libación o luminaria, e incluso icnitas (huellas fósiles de dinosaurios del Cretácico).

Antes de regresar a Canicosa todavía quedaba un tesoro por visitar, en la carretera que conduce a Navaleno: un magnífico robledal, donde se encuentra el “pinoroble”. Una semilla de pino albar penetró un día en el tronco de un roble y desde su mismo corazón ha crecido con fuerza…

Canicosa de la Sierra se siente tan honrada con la presencia de este árbol que su imagen forma parte del escudo de la villa.

Después de tanto ajetreo la tarde fue tranquila, de paseo y conversación con los vecinos. Así pudimos recuperar fuerzas para, a la mañana siguiente, realizar nuestro último recorrido del fin de semana: Cueva Serena y Castroviejo.

En el término municipal de Duruelo de la Sierra, después de recorrer un corto sendero que atraviesa el bosque de pinos, robles y brezo, se encuentra Cueva Serena, un paraje de gran belleza en el que contemplar la caída de su cascada.

Cuando regresamos al camino, una señal indicaba que a ocho minutos de paseo estaba Castroviejo.

El roquedo de este lugar es impresionante, con desfiladeros por los que aventurarse en busca de paisajes difíciles de olvidar.

Decididamente, esta “Tierra de Pinares” es demasiado hermosa para visitarla sólo una vez…

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