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Estoy leyendo “Sabia como un árbol” de Jean Shinoda Bolen.

Aquellos que me conocen  saben  que  estoy muy vinculada con los árboles, como muchas otras personas, posiblemente más de las que se pueda sospechar; y la lectura  de este libro está siendo especialmente  gratificante.

Cuando he llegado al capítulo cuarto, en el apartado titulado  “El tejo y Allen Meredith”,  no he podido frenar más mi intención de transcribir un fragmento en un post .

De este modo materializo la idea de acercarme desde aquí al mundo de los árboles, con calma, sin prisas…

 

El tejo y Allen Meredith

Los pueblos de la antigüedad tenían la creencia de que el tejo (Taxus baccata) era inmortal. Para algunas de las primeras tribus indoeuropeas -celtas y nórdicas- era un árbol sagrado que simbolizaba la vida eterna. El tronco de un tejo viejo es una mole profundamente acanalada. << En los fríos y oscuros meses de invierno, no solo estaba verde, sino que a menudo tenía un aspecto llameante con sus bayas de color rojo fuego, y lleno del excitado bullicio de los pájaros; era una isla de vida en el paisaje por lo demás yermo >> (Lewington y Parker, Ancient Trees, 1999, pág. 68). Como especie es un árbol ancestral. Por algunos especímenes que se han preservado en las turberas sabemos que los tejos eran mucho más numerosos y estaban mucho más extendidos antes de la última glaciación, que terminó hace millones de años.

El árbol en sí es excepcionalmente longevo, y cabe la posibilidad de que el tejo sea el ser vivo más viejo de la Tierra. Es posible que un tejo nunca muera, debido a su forma de crecer, pues se renueva periódicamente de diversas maneras, regenerándose incluso a partir de estados de gran decadencia. Sus ramas se hunden en el suelo, donde echan raíces y forman un anillo de nuevos troncos alrededor del tejo originario central. Luego, al cabo de unos 2000 años, el sistema radicular del árbol va dividiendo paulatinamente el tronco, poniendo al descubierto el duramen, que se pudre, dejando un gran hueco que puede alcanzar los tres metros de anchura. Una vez que el centro del tronco se divide, hay otras ramas que pueden entrar en el hueco, originar nuevas raices en la  tierra  y formar nuevos troncos. Desde una perspectiva científica, teóricamente este árbol parece no tener fin, no parece haber razón para que muera jamás. La datación es un problema, ya que es imposible encontrar ningún trozo de madera que tenga la misma edad que el árbol entero, dado que la mayoría de los ejemplares antiguos se quedan huecos (…)

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Hace tres años tuve el inmenso honor de conocer en UK un tejo como el que se describe en el texto, y es una experiencia que dificilmente olvidaré.

Más información sobre los tejos en los enlaces siguientes:

http://www.amigosdeltejo.org/

http://texu.wordpress.com/

http://www.ancient-yew.org/

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