Todos los días, desde que nos despertamos, tejemos nuestra vida a golpe de decisiones. Sin embargo, algunas mañanas son diferentes: algo nos obliga a ser conscientes del lugar en el que estamos, de la vida que llevamos y, con un poco de suerte, de los motivos que nos han hecho llegar hasta aquí.

Hoy es uno de esos días.

Elegir, según el diccionario de la RAE (Real Academia Española), significa

(Del lat. eligĕre).

1. tr. Escoger, preferir a alguien o algo para un fin.

2. tr. Nombrar por elección para un cargo o dignidad.

Seguro que los filósofos, los especialistas en ética o los psicólogos, han escrito páginas y páginas que amplían el contenido de esta definición.

Últimamente he escuchado, en ámbitos diferentes, una frase rotunda : no decidir también es tomar una decisión. Y mi decisión es clara, elijo  estar  donde debo estar.

Recuerdo las épocas en las que mis hijos eran pequeños y cuántas veces tuve que elegir, como cualquier madre o padre, lo que debía hacer, en lugar de lo que me hubiera gustado.

Hoy es un día en el que el velo que separa la decisión de la rendición es muy fino, se mire desde el lado que se mire.

Hoy es un día en el que el miedo no debiera  salir a la calle, ni tampoco quedarse en los corazones.

Hoy es un día en el que conforme pasen las horas la sensación de extrañeza irá desapareciendo, y al superar la barrera de la medianoche regresaremos a lo que Luis Rojas Marcos tan acertadamente llama “nuestra incierta vida normal”.

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