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Un libro comprado por internet rompiendo mis costumbres, con el referente de una novela anterior que me gustó (La ladrona de libros),  y una sinopsis tentadora, pero leída  superficialmente, fueron los ingredientes que llevaba en  mente cuando empecé a leer esta novela.

Y el desconcierto se adueñó de mi…

Ni las cartas son de amor, ni el taxista que las encuentra es un personaje secundario, sino el protagonista. Me costó  unos  cuantos  capítulos reconocer que la dinámica de esta novela era nueva para mi, aunque ahora que la he terminado me parece interesante y original. ¡Qué peligrosas son las ideas preconcebidas!.

No puedo desvelar el argumento, pero si dejar aquí la transcipción de la sinopsis de la contraportada:

Ed Kennedy es un chico cualquiera en un barrio pobre de una gran ciudad.   Vive en un apartamento  maltrecho con su perro y se gana el sueldo como taxista. Le acompaña una pandilla de amigos que poco o nada le piden a la vida, pero de repente algo pasa y Ed tendrá una misión que cumplir…

Día tras día, noche tras noche, el joven Ed irá descubriendo que el afecto, la amistad y el amor no son palabras huecas sino verbos vivos: si quieres saber, pregunta; si pretendes ayudar, actúa; si quieres cambiar, no esperes. A menudo son los pequeños gestos los que mueven el mundo y Markus Zusak nos demuestra que incluso un chico cualquiera puede dar el primer paso para que la vida sea un placer que todos vamos a compartir.

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