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Que una amiga me regalase una novela ambientada en Irlanda,  con una promesa de magia en su título, no podía dejarme indiferente.

Y eso que, cuando empecé a leer, se me “traspapeló” la dedicatoria de las primeras páginas:

“Este libro está dedicado a todos los servidores del mundo: humanos, angélicos y elementales, que trabajan para sanar la Tierra, y traer amor, armonía y comprensión a Todos los Seres”.

En Irlanda los duendes son conocidos como leprechauns, la gente pequeña, hombrecillos que ya desde el primer capítulo se encuentran con la autora: “Medía poco más de un metro de alto, e iba vestido a la antigua, con una chaqueta verde abotonada que le llegaba hasta la cadera, ceñida en torno a su vientre redondeado. Los pantalones marrones, cortados a la altura de las rodillas, revelaban unos leotardos gruesos que se insertaban en unos grandes zuecos, mayores, sin duda, de lo que sus pies tenían derecho a ser. Y para completar ese extraño atuendo, llevaba una chistera gigantesca”. 

Pero la mejorsorpresa ha sido descubrir que esta novela es algo más que un cuento. Habla de duendes, hadas y otros seres mágicos, ¡cómo no!; pero también habla de las relaciones entre mundos diferentes, de respeto a las antiguas  tradiciones y de romper con los convencionalismos… ¡con buen humor!.

Este relato es una llamada de respeto a la Naturaleza, una propuesta para sanar nuestro planeta Tierra.

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