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Esta tarde me he escapado al cine, y delante de la taquilla he decidido ver “Katmandú, un espejo en el cielo”.

Tenía mis dudas porque no soy una gran entusiasta del cine español, y eso que poco a poco voy cambiando de opinión.

No se si será porque es época de emociones a flor de piel, pero la película  me ha tocado el corazón.

Mientras escribo esta entrada la noche de los premios Goya  ha comenzado. Tal vez la película sea premiada en alguna de sus dos nominaciones, mejor actriz protagonista y mejor guión adaptado, pero no son necesarias para recomendarla.

La sinopsis de la página oficial es la siguiente:

En los primeros años 90, Laia, una joven maestra catalana, se traslada a Katmandú para trabajar en una escuela local.

Pronto descubrirá una pobreza extrema y un panorama educativo desolador que además deja fuera a los más necesitados.

Tras contraer, a su pesar, un matrimonio de conveniencia para legalizar su situación, Laia se embarca en un ambicioso proyecto educativo en los barrios de chabolas de Katmandú.

En seguida se enfrenta a la evidencia de que no puede hacerlo sola. Pero también se encuentra con un hermoso regalo que no esperaba: enamorarse del desconocido con el que se ha casado.

Dividida entre su relación amorosa y su compromiso con los niños a los que ayuda, y siempre de la mano de su amiga y joven maestra Sharmila, Laia emprende un nuevo proyecto que la alejará irremediablemente de su compañero, pero que la unirá para siempre con Sharmila y con la pequeña Kushila, en un viaje personal a lo más profundo de la sociedad nepalí y también, al fondo de sí misma.

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