Esta es la última frase de la entrada “Namu Amida Butsu” que publiqué en Octubre.

En ella contaba que una amiga se marchaba de viaje a India, buscando la salud en Rishikesh.

Pero regresó enferma…

La última semana de Diciembre nos acercamos a verla al hospital en el que estaba ingresada. En aquella serena habitación nos despedimos, dejé mi pulsera de semillas de choloque en su muñeca y ella me regaló un buho que hasta entonces la vigilaba desde  el alféizar del ventanal.

El domingo pasado, a última hora de la tarde, una amiga común me llamó para avisarme de que Marian se había marchado…

Llenar el vacío con los mejores recuerdos y dar un tiempo a la tormenta de emociones, para que vaya amainando, es lo que me propongo en estos días.

Cuidar de los que están, no olvidar a los que se fueron y dar la bienvenida a los que llegan…

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