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Cuando escuché el título de este libro la reacción fue inmediata, se puso en marcha el proyector de cine de mi mente: el replicante sentado en la terraza del edificio gris, goteando bajo la lluvia, sujetando una paloma blanca en la mano, hablándole al  maltrecho blade runner que le escucha  desde el suelo con miedo, sorpresa y finalmente comprensión.

Después confirmé que la referencia a la película de Ridley Scott no era casual, y que en esta novela Rosa Montero combina ciencia ficción y novela negra.

 

 

Este es un libro de aventuras y misterio, pero también de problemas sociales, fanatismos políticos y religiosos.

En una entrevista en Marzo del pasado año, Rosa Montero explicaba que había creado este mundo de “Lágrimas en la lluvia” como un autoregalo, y que de este modo  decidió  escribir sobre Bruna Husky, la detective y  replicante de combate, en el Madrid del año 2109.

La caducidad de la vida y la fragilidad de los recuerdos son los dos temas que acompañan a la protagonista de principio a fin de la novela. La propia autora comenta:

“Somos lo que recordamos de nosotros, lo que contamos que hemos sido, pero esa memoria que nos contamos a nosotros mismos es mentira, es un invento. En “Lágrimas en la lluvia” a los androides se les implantan unas memorias, con las que incluso se trafica, para proporcionales mayor estabilidad emocional. Y eso les convierte en un símbolo perfecto del ser humano, con esas memorias que son falsas.”

“Es que la vida es increíblemente breve. Los humanos solemos olvidar que somos mortales, pero Bruna no.”

Y no puedo terminar esta entrada sin leer una vez más las palabras de Roy, el replicante de Blade Runner.

Es toda una experiencia

vivir con miedo… ¿verdad?

Eso es lo que significa ser esclavo.

Yo… he visto cosas

que vosotros no creeríais…

atacar naves en llamas

más allá de Orión,

he visto rayos C

brillar en la oscuridad

cerca de la puerta Tannhäuser.

Todos esos momentos

se perderán en el tiempo

como lágrimas en la lluvia.

Es hora de morir.

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