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El pasado Septiembre estuve unos días en la Toscana con una amiga y, después de una corta deliberación, decidimos visitar Siena.

Esta ciudad llevaba en mi lista de “lugares a visitar” más años de los que puedo recordar, pero sabía claramente el porqué: la carrera del Palio.

Así que nos subimos a un autobús y allá que fuimos.

Siena: una  ciudad

La información que llevábamos en nuestro viaje es la que se puede encontrar trasteando un poco en internet:

“Siena, ciudad italiana de la región de la Toscana (Italia), capital de la provincia homónima.”

El centro histórico de Siena ha sido declarado por la Unesco como Lugar Patrimonio de la Humanidad en el año 1995, por considerar que es la encarnación de una ciudad medieval. Sus habitantes rivalizaron con Florencia en materia de planeamiento urbanístico, conservando a lo largo de los siglos su apariencia de ciudad gótica, adquirida entre los siglos XII y XV.

Siena también rivalizó en las artes durante todo el periodo medieval. Sin embargo, devastada en 1348 por la peste negra, nunca recuperó su esplendor, perdiendo en su rivalidad interurbana con la vecina Florencia, aunque mantuvo su independencia en la Toscana hasta 1557.

El Palio de Siena (Palio di Siena) es una competición entre las contradas (barrios) de Siena y consiste en una carrera hípica de origen medieval que se desarrolla dos veces al año: el 2 de Julio se corre el Palio di Provenzano (en honor a la Virgen de Provenzano) y el 16 de Agosto el Palio dell’Assunta (en honor de la Asunción de la Virgen). Según algunas fuentes es una antigua celebración en recuerdo de la batalla de la colina de Montaperti, en el año 1260, en la que Siena puso fin al riesgo florentino.

La carrera del Palio toma su nombre, y no sólo en Siena, del premio: el Palio, del latín  pallium (mantel de lana), era un tipo de tela muy apreciado, que se usaba en distintos ámbitos. En Siena, en general, era destinado a la iglesia de la contrada ganadora. Podía ser utilizado como adorno para la misma iglesia, o para otros usos análogos.

Esto se debía a que las contradas se apoyaban para su unión en las parroquias o en las compañías laicas que sostenían y soportaban las órdenes religiosas. Es comprensible cómo, en caso de victoria, el premio era regalado a la iglesia regional, fuera por reconocimiento, fuera por devoción.

Otra posibilidad era la restitución del premio a la comunidad cívica en cambio de su valor en dinero. En este caso el importe podía ser usado, por ejemplo, como dote para las jóvenes con menos recursos de la contrada o para otros asuntos de utilidad común.

El lugar de la celebración de la carrera del Palio es la plaza central de Siena, la Piazza del Campo.

 

En la carrera participan sólo diez contradas de las diecisiete existentes en la ciudad, elegidas a suerte. La organización es la siguiente:

  • Corren por derecho las siete contradas que no han corrido el Palio correspondiente del año anterior;
  • Un mes antes del Palio (el domingo último de mayo para el Palio de julio y el primero después del Palio de julio para el Palio de agosto) son elegidas a suerte tres contradas que van a completar la serie de diez;
  • Las otras siete son elegidas para establecer el orden de fila en el Cortejo histórico y participarán por derecho en el Palio correspondiente al año siguiente (manteniendo este orden de elección).

El Palio es ganado por el caballo, con o sin jinete, que haya cumplido primero las tres vueltas a la plaza en el sentido horario siempre y cuando, según dice la tradición, éste lleve en la frente la spennacchiera, o sea la escarapela con los colores del barrio para el cual está corriendo.

Para más detalles http://es.wikipedia.org/wiki/Palio_de_Siena

Y, como curiosidad, el enlace con la página web de una de las contradas, la contrada de la Civetta (la lechuza)  http://www.contradadellacivetta.it/ de la que me traje un recuerdo.

Siena: un color
Si se busca “Siena” en la RAE el resultado es:
siena 
1. m. Color castaño más o menos oscuro. U. t. c. adj. tierra de Siena
y de aquí se enlaza con
tierra
~ de Siena.

1. f. Arcilla de color ocre pardo en cuya composición se encuentran óxidos de hierro y manganeso y que se usa como colorante de tono castaño una vez tostada.

Cuando llegamos a esta ciudad tuve esa rara certeza que convierte un sitio desconocido en un lugar en el que te gustaría vivir.

Nuestro ascenso desde Il Campo, por una de las empinadas calles que dan acceso a la plaza en forma de abanico, nos hizo saltar en el tiempo y entrar en la ciudad medieval: calles estrechas y edificios compactos, construidos con la piedra de ese color tan especial.

Callejear, ver ondear las banderas de las contradas, disfrutar en las pequeñas tiendas de artesanía, encontrar detalles en cada rincón…

Y un inesperado concierto de música clásica, resonando en el patio de un palazzo…

Siena… una ciudad en la que me dejé algo… ¡así que tengo que volver para recuperarlo!

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