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El principio de año se tercia de cine.  Ayer aventuras trepidantes con Sherlock Holmes, hoy adaptación teatral de la obra de Yasmina Reza “Le Dieu du carnage”, dirigida por Roman Polanski.

“Carnage” ya sea en francés o en  inglés, significa carnicería, matanza.

Pese a tener este significado en la película no llega a verse “sangre”, pero el análisis de la violencia está presente en todo el metraje.

Sólo la primera y la última escena están rodadas en el exterior; el resto transcurre en el salón de un apartamento, un escenario que roza el borde de la claustrofobia, donde  no hay manera de que los personajes traspasasen sus límites, con ese ir y venir crispante desde el ascensor.

Padres furiosos que, inicialmente, se tratan con una amabilidad irritante, seres humanos que terminan por marcar los rasgos diferenciales  de lo masculino y lo femenino,  frustraciones vitales que buscan una vía de escape a través de unas copas de whisky o de un teléfono móvil…

Excelente interpretación de Jodi Foster (en su rostro descubro que ya han pasado ¡veintiún años! desde que fue la joven agente del FBI de”El silencio de los corderos”) y de Kate Winslet.

Y la frase que justifica el título en español pero que, en mi opinión, no está suficientemente desarrollada:

“Yo creo en un dios salvaje. Es él quien nos gobierna, sin solución de continuidad, desde la noche de los tiempos”

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