Estos primeros días de Diciembre han sido un espacio para vivir con calma…

con tiempo para celebrar cumpleaños…

y regalarle a un amigo una nueva mascota…

 

 

 

… contemplar el Monasterio de Oro desde los riscos,

 

 

y decir  “¡hasta pronto!” con un nudo en el corazón.

 

 

Después ha sido el momento de viajar… hasta el robledal

 

en busca de acebo,

 

 

 

 

 tiempo de subir a la sierra…

 

 

 

para encontrar

 la magia del muérdago.  

 

 

 

Los últimos días me he escapado a San Miguel, mi escondite…

donde el silencio es un regalo,

el fuego de la chimenea ahuyenta el frío que se cuela hasta los huesos…

y la amistad fortalece el corazón

 

 

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