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El pasado Octubre una conocida me invitó a la presentación del nuevo libro de Andrés Pascual, “El haiku de las palabras perdidas”.

Había leído “El guardián de la flor de loto”, me había gustado, e incluso el autor me lo había dedicado en una Feria del Libro http://lamesa9.wordpress.com/2008/06/05/feria-del-libro-2008/  así que me planteé acudir.

Y fui.

El escritor nos presentó el libro y se proyectó el vídeo de cómo se gestó su realización . Aquí dejo el enlace http://www.youtube.com/watch?v=PgoXmJPKYRc

Y la última vez que entré en una librería… lo compré.

Esta novela es una preciosa historia de amor relatada en dos tramas paralelas: Nagasaki  Agosto 1945  y  Tokio-Suiza  2011.

Pero este libro no es sólo eso, es mucho más:

es un canto a la paz…

…y es un homenaje a la cultura y al pueblo japonés.

Es curioso descubrir cómo la vida avanza por “temas”. Sin saber muy bien por qué comienzan a llegar mensajes,  aparecer personas,  crearse circunstancias que vienen desde direcciones diferentes, pero todos con un nexo común.

Esto es lo que me está sucediendo en esta temporada con el mundo japonés. Han llegado los haikus, este libro, amigos, temas del trabajo… pero ya estaban ahí mi artesana favorita, la cama en la que duermo, una grulla en la estantería… y ayer me regalaron un pequeño jardín zen.

Termino esta entrada con la historia de la grulla de Sadako Saski, que viene relatada en “El haiku de las palabras perdidas”:

“- Es una grulla para Sadako Saski.

-No sé quién es- susurró.

– Sadako fue una superviviente de Hirosima- le explicó-. La bomba le sorprendió con dos años de edad, pero creció fuerte y sana. Nadie podía imaginar que, después de una década, la radiación regresaría en forma de leucemia. La ingresaron en el hospital y su mejor amiga le contó una vieja historia sobre alguien que, tras hacer mil grullas de papel, consiguió que los dioses le concedieran un deseo. Sadako decidió  imitarla. Pidió sanarse y comenzó a hacer una grulla tras otra. Pero una noche, mientras caminaba por los pasillos del hospital, conoció a un niño que estaba a punto de morir por la misma enfermedad y comprendió que no era justo pedir sólo para ella. Cambió su deseo y pidió paz y curación para todas las víctimas del mundo. Y con esa nueva ilusión reanudó su tarea. Confeccionó  más y más grullas con todos los papeles que iba encontrando: de los botes de medicinas, de las recetas… Hasta que tras hacer la número seiscientas cuarenta y cuatro se la llevó la muerte.

-Vaya…

– Sus compañeros de clase terminaron de hacer todas las que faltaban hasta mil. Y después consiguieron que se construyera una estatua en el Parque de la Paz de su ciudad dedicada a Sadako y a todos los demás niños que murieron por las bombas. Fue una maravilla. Aún sigue allí, con la leyenda “éste es nuestro grito, ésta es nuestra plegaria: paz en el mundo”.

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