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Los árboles no hacen Tai Chi

son Tai Chi.

Sólo tienen ser y permanecen en él naturalmente.

Si el viento los empuja, ceden.

Si la lluvia cae, la absorben.

Si el otoño llega, dan sus hojas.

Si el hacha los corta, caen.

 

El agua no hace Tai Chi

es Tai Chi

ella no puede elegir ni rechazar.

Sólo tiene ser y permanece en él naturalmente.

Si encuentra un abismo, se precipita.

Si una roca la detiene, espera.

Si el sol la quema, se evapora.

Si el frío muerde se detiene.

 Las nubes no hacen Tai Chi

son Tai Chi

ellas no pueden esforzarse por llegar a una meta.

Sólo tienen ser y permanecen en el naturalmente.

Si el viento las dispersa, viajan.

Si el sol las ilumina, brillan.

Si un pájaro las toca, lo albergan.

 

Los hombres éramos Tai Chi,

pero dejamos de serlo.

Por eso, entre todos los seres,

nosotros hacemos Tai Chi,

para volver a serlo.

El Tai Chi es un arte creado por los chinos,

pero no es de los chinos.

Es de las nubes, los árboles y el agua.

Es una de las posibilidades humanas

de comprender que el cuerpo es un árbol;

que los pensamientos, nubes;

y los sentimientos agua.

Nos hemos apartado o hemos ido

muy lejos, pero podemos volver.

El hacer del no hacer del Tai Chi es

uno de los caminos.

Ariel Barchilón (*)

(*) Ariel Barchilón, dramaturgo argentino

 

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