Etiquetas

, ,

El invierno de días grises, lluvia interminable y frío en las calles se resiste a llegar. Ayer por la mañana el sol iluminaba con descaro las calles, dando vida al amarillo y parcheando el verde en las copas de los árboles.  Sin embargo las fechas avanzan imparables en el calendario, y las calabazas ya han aparecido en las fruterías

Es tiempo de purés humeantes y  de dulces elaborados al calor de la cocina. Ya se huele en las calles el aroma de castañas asadas…

Hace ya muchos años las tribus celtas celebraban en estos días el final de la cosecha y el comienzo del invierno.

La noche del 31 de Octubre era una noche muy especial en la que quedaba abierta la puerta entre el mundo de los vivos y los muertos.

Las gentes dejaban comida o dulces en las puertas de sus casas con la intención de que los espíritus se marcharan satisfechos, y colocaban calabazas con velas en las ventanas para ahuyentar a aquellos espíritus que pudieran tener malas intenciones.

Y hace mucho tiempo también que en las zonas rurales del País Vasco existía la tradición de encender una argizaiola el día de los difuntos.  La argizaiola es una tabla de madera labrada, con una vela enrollada (tabla de cera).

Los vascos siempre han dado mucha importancia al sentimiento de pertenencia, y de este modo la “casa” no sólo ha sido un lugar donde vivir sino  un patrimonio casi sagrado, transmitido  generación tras  generación.   Desde este enfoque, y antes de la llegada del cristianismo, los muertos se enterraban en los terrenos familiares, no se utilizaban cementerios comunales.

Así que cuando las iglesias se utilizaron para los enterramientos, y más tarde los cementerios,  con la argizaiola se llevaba la luz del hogar familiar a las almas de los difuntos, como símbolo de respeto y recuerdo.

Es tiempo de calabazas…  

Anuncios