Uno de mis amigos más queridos hoy ha cumplido años. Es un amigo que vive lejos y en su casa tengo mi escondite. Esta mañana le he llamado para felicitarle y él me ha sorprendido diciéndome que estaba en  la ciudad. La explicación era sencilla: su padre había ingresado en el hospital. Así que hemos quedado para vernos en un par de días.

Un rato antes había telefoneado a una amiga que hoy tenía el día libre. El motivo era  “hacer cajas” con sus cosas y marcharse del piso donde había apostado por una nueva pareja, una relación que vi nacer hace pocos años… una historia difícil pero bonita. 

Cuando en  el cielo empezaba a atardecer mi amigo, el cumpleañero, me ha llamado para contarme que su padre había muerto; me ha asegurado que él estaba bien, se ha negado rotundamente a que fuera a su encuentro y me ha prometido que mañana hablaríamos con calma.

En un día como hoy mirar hacia el futuro es mirar un lienzo en blanco. En una respiración que cesa, en una casa que se deja atrás, en un abrazo de consuelo que no llega,  la vida se mancha con una pincelada de color gris.

Creo que hoy nos hemos merecido descansar, mañana todos tenemos que empezar  de nuevo…

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