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Ayer celebramos la jornada de puertas abiertas de Wuji, la escuela en la que practico Tai chi.  Aunque la mañana se estrenó lluviosa todo fue mejorando conforme pasaban las horas. Hubo visitas muy especiales y queridas. El día terminó con unas cervezas y la sólida satisfacción del trabajo bien hecho.

En Enero del año 2000 el Taichi se coló en mi vida y, aunque se ha instalado cómodamente en ella, aún me cuesta definirlo, explicarlo. He buscado ayuda en el primer libro que compré y leí, un libro al que tengo un especial cariño “La esencia del T’ai Chi” de Chungliang Al Huang, y aqui dejo un fragmento:

El concepto de t’ai chi sólo implica un modo de recuperar el equilibrio. Es una forma de centrarnos, de volver a nuestro centro después de todos los conflictos y confusiones que experimentamos día a día. T’ai chi no significa sabiduría oriental o algo exótico. Es la sabiduría de vuestros propios sentidos, de vuestro cuerpo y mente unidos en un solo proceso.

Muchos creen que el t’ai chi es sólo esa secuencia de movimientos llamada t’ai chi chuan. Al practicar esta secuencia muchos encuentran curación para sus desórdenes psicosomáticos. Comienzan a sentir que pueden respirar y dormir mejor. Cuando ven a un maestro se asombran y se alegran al oír que tiene 90 años de edad, pero sólo representa 60. Eso no significa nada. Es sólo un beneficio colateral. El que ese maestro sea muy bueno con el t’ai chi y aparente ser joven no guarda relación alguna con vosotros.

La esencia del t’ai chi es, en realidad, el ayudaros a familiarizaros con vuestro propio sentido de crecimiento potencial, el proceso creativo de ser vosotros mismos. El t’ai chi os ayuda a ser vosotros mismos y a permitir que ocurra en vosotros esa sensación de asombro, admiración, evolución y constante alegría de cambiar. El t’ai chi es una disciplina que vosotros, como personas, como seres humanos, podéis comenzar a conocer y a practicar, y ella os obsequiará su ayuda.

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